Convicto fue torturado cruelmente durante el procedimiento de su ejecución.

8 Mar, 2018

Doyle Lee Hamm, acusado del asesinato de Patrick Cunningham, debía ser ejecutado el 22 de febrero en Oklahoma, pero el procedimiento fue suspendido, ya que los médicos no pudieron encontrar una vena.

El Dr. Mark Heath, anestesiólogo de Nueva York, entrevistó a Hamm, y este le relató lo sucedido la noche de la ejecución, diciéndole que “fue llevado a una cámara, donde lo ataron a una camilla, y pasaron unos 30 minutos intentando encontrar acceso por vía intravenosa en sus extremidades inferiores”.

Un segundo equipo de ejecución entró con un dispositivo de ultrasonido, y comenzaron a explorar su ingle en busca de una vena. Seguidamente, le insertaron varias agujas, generándole mucho dolor, hasta que comenzó a sangrar por la ingle”. Hamm no recuerda que le hayan colocado anestesia.

A pesar de que los doctores querían continuar con el procedimiento, un funcionario de la sala suspendió la ejecución. Los médicos se retiraron sin presionar el área que sangraba, ni dieron instrucciones para su tratamiento.

El hombre tuvo que ser levantado de la camilla, escoltado a la enfermería, donde le vendaron sus heridas. Una hora después, orinó sangre, y más tarde desarrolló una fuerte tos.

La ejecución frustrada es la más reciente de una lista de controversiales formas debido al tipo de drogas usadas y su efecto.

Bernard Harcourt, su abogado, advirtió que tenia las venas delicadas por el tratamiento del cáncer y el procedimiento de la ejecución lo someterían a un “dolor cruel e innecesario”.

Harcourt introdujo una demanda legal contra el Departamento de Correcciones de Alabama, exponiendo que el tratamiento de Hamm semejaba a una “tortura”.